Cuando el perfil se seca, la partición del flujo cambia: menos evaporación, más calor sensible y mayor convección. Esa redistribución eleva máximas vespertinas y acorta la recuperación nocturna, reforzando déficits hídricos. Reconocer ese ciclo permite diseñar riegos puntuales, coberturas orgánicas y alertas que amortiguan picos sostenidos de temperatura.
Un inicio de deshielo apenas adelantado reduce albedo y desencadena absorción solar adicional, que derrite aún más. En cuencas de montaña, ese bucle explica picos de caudal tempranos y veranos más secos río abajo. Lo medimos con cámaras, satélites y balance energético, proponiendo manejo de reservas y comunicación temprana.
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